viernes, 27 de marzo de 2009

Una madre avilesina llegó a pedir el derecho a morir para su hija anoréxica

El caso de la gijonesa ahora revelado tiene muchas semejanzas con el desgarrador testimonio que una madre avilesina lanzaba a finales del pasado año sobre su hija de 26 años. María López, enferma de anorexia desde los 13, llegó a intentar quitarse la vida hasta en quince ocasiones. Ante esta situación, la familia lanzó un grito de socorro desesperado a través de las páginas de este diario para recabar ayuda especializada. Su objetivo era lograr el ingreso de la joven en un centro público especializado fuera de la región, tras haber sido rechazada en varios hospitales por las listas de espera. Como en el caso de la gijonesa, se quejaban por no haber encontrado el apoyo profesional necesario en estos casos. El Defensor del Paciente llegó a pedir a la fiscalía avilesina que abriese una investigación sobre el caso, petición que fue denegada. Conocida la denuncia, el Sespa ofreció ingresar a la joven en la unidad de psiquiatría del Hospital San Agustín y algunos colectivos apelaron al Defensor del Pueblo para pedir apoyo a los poderes públicos, «que pasan olímpicamente de estos casos». La desesperación de esta familia avilesina la llevó a pedir ayuda «para conseguir una vía legal que le permitiera practicar el recurso de eutanasia» para la chica. Los expertos señalan que la raíz de la mayoría de este tipo de trastornos alimenticios no se encuentra precisamente en la búsqueda de la delgadez a cualquier precio, sino en la fragilidad psicológica de quienes la padecen. El espectro de enfermos de bulimia se extiende desde los 9 años hasta la treintena, según explicó en una visita reciente a Asturias la directora del Instituto de Trastornos Alimentarios de Barcelona, Montserrat Povedano.

Mi hija me está matando


La familia de una gijonesa de 27 años, bulímica y adicta a la cocaína, realiza una llamada desesperada a las autoridades para que atiendan su caso



Un drama familiar en toda regla. Una familia gijonesa se enfrenta al terrible caso de tener que asistir en solitario a una joven de 27 años con problemas de bulimia y adicta a la cocaína. La madre de esta chica dice sentirse desesperada y realiza una llamada a las autoridades para que atiendan su caso. Los servicios de Salud rechazan poder tratar los dos problemas al mismo tiempo, afirman.
C. J. «Queremos que alguien haga algo con mi hija». Es la llamada desesperada de la madre de una gijonesa de 27 años con trastornos alimenticios desde hace diez (con diferentes procesos de anorexia y bulimia) y adicta a la cocaína desde hace tres. La chica, cuya identidad prefieren mantener en el anonimato, comenzó a coquetear con las drogas avanzada ya su adolescencia. Y en tres años, «sus amistades la metieron en un círculo negro», explican sus allegados. El conflicto al que se exponen es que, pese a haber pasado por diferentes centros de atención pública y privada, no han logrado una terapia para sus adicciones. En la unidad de anorexia y bulimia del Hospital Central de Asturias, adonde la llevaron hace unos meses, les informaron que no podían tratar los dos trastornos -la toxicomanía y los desórdenes alimenticios- al mismo tiempo. Y todo pese a que uno y otro servicio se encuentran anexos en el complejo hospitalario, recuerda el progenitor. La familia relata que era una joven brillante aficionada a la práctica deportiva (hípica, patinaje, esquí) hasta que la enfermedad pudo con ella. «Es un encanto de chica, pero ahora no hay manera de razonar con ella», reflexiona el padre. «Con 17 años se veía gorda y era imposible con el deporte que hacía. Sólo pensaba en estar finita», añade la madre. De aquel interés por adelgazar pasó a una situación más complicada, con episodios consecutivos de anorexia y bulimia. Cuando trataron de internarla por su adicción a la cocaína en Proyecto Hombre rechazó ingresar por los referidos problemas con las comidas. «Decía que quería hacérselo ella misma», explican los familiares, que quieren dar a conocer este caso a la opinión pública en busca de una solución. «No sé si llego al extremo de lo espeluznante, supongo que habrá casos peores, pero tenemos un problema enorme», confiesa la madre. Y añade: «Tratamos de convencerla, le decimos que se fije en cuánta gente muere por las secuelas de la heroína y de la cocaína. Todo esto me da una pena enorme», relata compungida la mujer. La chica inició sus estudios de Pedagogía en la Universidad de Oviedo y terminó un curso de auxiliar de vuelo hace escasas fechas, una profesión que la mantenía ilusionada hasta hace unos meses. Abandonó todas sus adicciones durante un tiempo para ser azafata, pero volvió a caer. Parcialmente recuperada de la bulimia se instaló en un piso sola, que al parecer se encuentra en pésimas condiciones de salubridad. «Allí descubrió lo que estaba viviendo. Es una persona que no hace daño a nadie, sólo se lo hace a sí misma», explica la desesperada madre, quien realiza una llamada para que las autoridades intervengan en este caso. Hasta tal punto llegó su desesperación que hace escasas fechas el padre de la chica y su otro hijo se pusieron en contacto con el forense y el juez para buscar una forma de internarla y que pudiera, por fin, abandonar todas estas adicciones. La respuesta fue que si la joven se negaba a ingresar la autoridad pública no podía intervenir. «Tuvo una pareja que fue letal para ella. Cuando la llevamos al psicólogo decía que era una pérdida de tiempo», lamentan sus allegados, que ahora dicen que la chica «no tiene sus facultades mentales en orden». Y todo pese a que «hemos hecho todo lo que hemos podido». El hachís, la cocaína y los trastornos alimenticios han mermado su capacidad de decisión. La madre, angustiada -y también en tratamiento con problemas psicológicos-, lanza un grito desesperado: «Mi hija me está matando». La chica dice sentirse cansada para luchar contra ambos problemas y la familia apela a la justicia.